domingo, 20 de abril de 2014

LAS VOCES DE LAS PAREDES



El libro azul ha estado en la mesa todo el tiempo. En él se encuentran cosas terribles, pesadillas, gritos desesperados, un pozo completo de infelicidad. El libro azul ha estado en la mesa todo el tiempo, esperando que alguien lo abra. 

Ensimismado en la profunda oscuridad escuchaba aquellos murmullos alicaídos que provenían de las paredes. Agonizantes, reticentes, penetraban a mis oídos, pero yo no hacía nada. Tan solo los escuchaba. Tumbado en mi lecho concentraba con toda la furia de mis cinco sentidos escapar de esa realidad apresante. No estoy enajenado, me aseguro, estoy en estado de hibernación.

Suena el teléfono, y me siento como una burbuja que ha soltado a un polluelo al vacío, yo soy el polluelo, la litera el vacío. Suena el teléfono y de mala gana contesto, me lo llevo al oído como una reacción inconsciente, escucho una combinación de sonidos que casi estoy seguro son articulados con los labios pero no distingo exactamente lo que es. Me molesta aquel sonido, es tan desesperante. Para hacerlo desaparecer respondo a un sinfín de interrogaciones con un "Nadie ha llegado". Eso parece calmarle porque calla. Aprovecho para colgar y con toda mi furia lanzo el dispositivo contra la pared donde las desesperantes voces vuelven a musitar. El móvil se rompe en pedazos y eso me satisface, vuelvo a hundirme en el vacío de mi lecho, vuelvo a crear esta burbuja protectora.

Sonidos de helicópteros truenan cerca de mi habitación y las voces de las paredes gritan con más fuerza. Mis ojos se cristalizan, miran al vacío, el único punto donde son capaces de ver. Nadie ha venido todavía. El teléfono destruido suena de nuevo, automáticamente contesta, y soy capaz de escuchar una voz gutural, una amonestación, un reproche y yo no soporto, no me gusta, me enoja, me siento con ganas de explotar.

Estoy aprisionado, no tengo escapatoria. La voz gutural me advierte que ya no me queda tiempo. Los gritos de las paredes se hacen más incandescentes, están por salir de la dimensión que los separa. Y el libro azul aún sigue ahí, cerrado, con pasta dura. Por un momento vacilo y me levanto, aterrado por lo que prontamente podría suceder. La voz del teléfono se hace mayor, los gritos me persiguen. Siento que las partículas de mi cuerpo se desintegran. Ya casi abro la puerta oxidada y enmohecida... pero el libro. ¡No te olvides del libro! Y mis pensamientos, al igual que mis sentidos, al ser capaz de salir de mi celda, del único lugar donde fui capaz de vivir con calma, se extinguen de la faz de la tierra.

martes, 8 de abril de 2014

¡MALDITAS OBLIGACIONES!


En la entrada anterior escribí la canción completa de Evanescence - Forgive me.

Hoy estoy volviéndola a escuchar, después de mucho tiempo.

Sé que ha pasado tiempo, pero necesitaba esto para adaptarme a los cambios en mi vida.

Tengo muchos proyectos en mente, de todo tipo.

He conocido a una nueva chica con la que he estado saliendo estos últimos meses. Aunque tenemos algunos conflictos, yo la quiero en mi vida y sé muy bien por qué Dios nos manda a las personas: nos manda aquellas que debemos merecer. Si sigues tu vida como él quiere, él será tan bueno contigo que te regalará a una persona que jamás creías tener. Así es.

Admito en estas líneas que se me ha hecho dificil superar lo anterior. Ustedes no lo saben, queridos compañeros anónimos, lo que viví.

Me sentaría horas y horas y todas las horas que sean suficientes para seguir escribiendo, para ustedes, para que me conozcan más, ya que tengo mucho que contar. Sobre todas las áreas. Y lo más importante, escucharles a ustedes, leerles a ustedes. Que me escriban. Para saber que no estoy solo y que comparten conmigo experiencias distintas. Para conocernos.
 Pero tengo obligaciones que hacer ¡Malditas obligaciones! 

Pueden dejarme comentarios, pueden preguntarme algo, lo que sea. Yo estaré gustoso en responderles.

Les ruego que sigan con su vida. Que den vuelta la hoja. Tal vez ya han leído muchas veces la misma vieja y polvorienta hoja y sus ojos se han acostumbrado a leer las mismas letras, los mismos párrafos, las mismas oraciones. Ejerciten su cerebro. Dejen aflorar la imaginación, lean y escriban una historia nueva. La monotonía no es buena. Y amen. Amen a quien les ame. Y si no están juntos y se aman el uno al otro. ¿Qué esperan?



Mi vida